El pasado 25 de febrero de 2018 empezó a escribirse una nueva historia e ilusión en el Unión Magdalena. Ese retorno esperado, casi que de ensoñación llegó a su máxima expresión al filo de las 2:49 minutos de la tarde, en ese domingo con el sol más radiante que nunca, y con el verdor de esa brisa que se encierra en las montañas como queriendo hacer parte de la épica cita con la pelota.

El precalentamiento físico de los once jugadores se fusionó con el vitorear de las barras, ese cántico identificativo que sobrepasa el pitan pitan de Carlos Vives y que al hacerse más audible llenó de ahínco a cada uno de los actores del espectáculo.

Y es que con el retorno del fútbol a Santa Marta no sólo se van cinco años de vida errante, sino se llena ese espacio que le pertenece a todos los que ven en el balompié, la dulce manera de identificarse, explorando sensaciones que sólo se dimensionan a través de este deporte.

En la ‘B’ o en la ‘Z’, Unión es Unión, decía con profunda alegría un hincha en la entrada del estadio Sierra Nevada. Para quienes lo rodeaba una expresión más de ese cariño que se le debe profesar a un plantel con una historia escrita y valorada por analistas de antaño; para unos pocos, ese sentimiento que a pesar del jolgorio no debe quedarse en conformismo, sino en visualizar ese regreso a casa como la oportunidad de darlo todo por ascender, teniendo como cuota de empoderamiento la motivación que genera el accionarse en un nuevo estadio.

Un 2-1 final ante el Atlético de Cali, con la admiración de Giovanni Hernández que amparado en su figura novel de entrenador no omitió palabras de admiración para la ciudad y para Unión. Así mismo la respuesta en el campo de un David Ferreira, que en el momento preciso le dio rienda suelta a su talento y bagaje para decretar el gol no sólo del triunfo sobre los vallecaucanos, sino quedar enmarcado en la historia de la institución y del escenario como el primer futbolista en darle la victoria a los ‘bananeros’ en el debut oficial del Sierra Nevada.

Para una ciudad turística y que trabaja firmemente por esa etiqueta de Estelar, el contar con un escenario acorde, representa en un 60% el no traicionar su filosofía; y es que para nadie es un misterio que el haber parido a íconos como: Carlos Arango (QEPD), Justo Palacio (QEPD), Alfredo Arango (QEPD), Óscar Bolaños (QEPD), Aurelio Palacio, Carlos ‘El Pibe’ Valderrama, Didí Alex Valderrama y Radamel Falcao García entre otros, suscita no sólo un ejemplar respeto cuando se habla de fútbol, sino una responsabilidad grande ante esas generaciones que vienen aflorando y que no sólo hay que ‘venderles’ la pasión del equipo, sino su verdadera nacencia.

Con la vuelta del fútbol profesional a Santa Marta se le debe dar vía a una mejor mentalidad, y no sólo con un direccionamiento propio de fanáticos y periodistas, sino una política diáfana por parte de la dirigencia, que tengan la visión de acercar al club y a quienes lo conforman a instituciones educativas, a centros reclusorios, a hospitales y hasta iglesias, donde el mismo jugador entre en comunión y esa misma conducta lo lleve a fijarse objetivos más certeros en pro del anhelado ascenso de categoría, que no sólo espera el simpatizante de la tierra, sino el mítico conocedor que en su época vio coronarse campeón al Unión en 1968; siendo el primero del caribe en otorgarse ese merito en Colombia.

 

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