Atrás quedó el desdén y sobre todo la antipatía que le profesaron en su momento al deporte. Y es que con la iniciativa de la realización de los XVIII Juegos Bolivarianos y en especial, con la puesta en marcha del magno evento, sin duda que se instaló ese legado que potencia a la ciudad, y hasta le otorga una mejor visual en sitios donde en otrora todo era desidia.

La expansión de la actividad muscular tiene a todos sintonizados con la adrenalina que produce no sólo apreciar un fino gramado en los estadios de sóftbol, fútbol y béisbol, sino en general demarcar su capacidad de reinventarse a través de ciclovias dominicales, que dejan a más de un centenar de samarios con la entereza para iniciar una nueva semana.

Para nadie es un misterio que la capital del Magdalena adolecía de un nuevo norte en materia de recreación y deporte. Sus complejos deportivos la han rotulado como una ciudad de avanzada, que sin desconocer problemáticas más fuertes como la irregularidad en el agua, al final la liberan de ese yugo referente a brindarle mejores espacios a la juventud a través de cualquier disciplina.

Lo presente no está encaminado en echarle flores a un partido, o desbordarse en elogios ante una administración, sino en reconocer que después de muchos años, la ciudad de Bastidas por fin se muestra al país como una región pacífica a través de las actividades musculares; y lo que es mejor, ejecutando procesos bien contexturados con la niñez, que sin duda dicen mucho de lo que se pretende para no dejar apagar esa llama de la deportividad.

En la actualidad, el Distrito sirve de base para el desarrollo de los Juegos Supérate, en donde más de 2 mil estudiantes se activan e intentan ganarse su respectivo cupo pare la continuidad del evento, hasta culminar en las fases nacionales e internacionales.

De seguro hay opositores a las obras realizadas, argumentando poca esbeltez o baja capacidad en las graderías. Otros elevando su crítica por la no culminación a la fecha del estadio Sierra Nevada, pero lo que se hace evidente y que rebasa cualquier animadversión es en la fiebre por practicar y competir cualquier deporte, situación que también la viven con holgura las personas de la tercera edad, cuando a muy tempranas horas recorren las instalaciones del Polideportivo de la 22, buscando una buena salud por medio de su condición atlética.

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