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Un concepto polémico, pero ajedrecístico

Por
Jhon
Fontalvo
Zabaraín.

Para nadie es un misterio que las palabras de Farid Díaz, integrante de la Selección Colombia de mayores, y del club Atlético Nacional cayeron muy mal en el Caribe y propiamente en una ciudad que le ha abierto los brazos a propios y extraños como Barranquilla. Sin embargo en aras de acercarse a la verdad, lo que causó el verdadero malestar fue la forma como el lateral en mención, se refirió al estado del gramado del estadio ‘Roberto Meléndez’, utilizando comparaciones, y no precisamente en condiciones superlativas, haciendo alusión a escenarios internacionales, sino a ese que también es notable para el país (Atanasio Girardot), pero que tampoco se excluye de tener condiciones anómalas, sobre todo cuando se trata de enfrentar al variable clima que por estas décadas enfrenta esta zona del sur del continente.

Hasta con el ‘balde’ le han dado al futbolista de nacencia vallenata, que no hizo más que darle ‘rienda suelta’ a su gran oportunidad de encontrarle una excusa a sus errores técnicos dentro del campo, aduciendo la culpabilidad del empate frente a los uruguayos, a las condiciones del gramado del ‘Metro’, ese mismo campo que se ha convertido a través de los años en un emblema para el país a nivel internacional, por las tres clasificaciones a los Campeonatos Mundiales de Fútbol que se han logrado de manera gallarda.

Tremendo ‘fresquito’ que les corrió a esos directivos ‘escondidos’ en su saco y corbata, y que poco amor tienen por Barranquilla y el Caribe, luego que Díaz expresó su concepto. El pensamiento rebasó sus canas, trasladándose y proyectándose en Medellín, quizás desde el próximo juego clasificatorio ante Chile, o como muy tarde en el año venidero, apreciando y recibiendo los grandes dividendos que dejan selecciones como Brasil.

Y es que con el crecimiento de las naciones y el fortalecimiento de la tecnología también ha hecho carrera el aumento de la avaricia, que sin duda genera un impacto fulgurante en las finanzas, teniendo en cuenta que con una sede nueva, también se le da cabida a nuevos precios en la boletería y al involucramiento de nuevas firmas patrocinadoras, algo que pasa a ser: de un concepto polémico, a una jugada maestra de gran corte ajedrecístico.

Con la rigidez y alta competencia que vislumbra la Eliminatoria para el conjunto colombiano, es innegable que Barranquilla también tendrá que librar su ‘dura batalla’ por el respeto a ese derecho adquirido como Casa de la Tricolor. Las acciones malogradas de Carlos Bacca, el poco atino al llamado en su momento de Vladimir Hernández, los señalamientos a un funcional Teófilo Gutiérrez, la euforia del fanático, el agua que se empozó en los alrededores del estadio y de nuevo la condición del gramado, entre otros, estarán bajo la lupa de los de ‘afuera’, quienes seguirán siendo jueces implacables, desconociendo una vez más la hospitalidad que caracteriza no sólo al barranquillero, sino al caribe, que en entre otras cosas, grandes logros le ha dado al país.

Es innegable que vivimos en una Colombia de regiones, en donde cada una entra en disputa por defender sus orígenes, tradiciones y todo aquello que lo hace sentir orgulloso, pero también es cierto que bajo esta condición, la gran cuota de favorabilidad se la lleva el Estado, que ni corto ni perezoso ve la manera de colocarle una ‘cortina de humo’ a sus innumerables responsabilidades, dejando al final relegada a muchas regiones en donde pulula el talento, pero escasean las oportunidades.

Miremos más allá, que no todo lo que brilla es oro: la sonrisa más noble y sensata es la de un niño, y no la de un ‘bigote’ que se escuda en su oratoria y en las palmadas en el hombro, para después desangrar a aquellos que actúan de buena fe.

 

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