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Como Pelé, Mbappé aparece en el Mundial con alma de niño

El delicado movimiento de ballet fue digno del Bolshoi. Después de desprenderse de su defensor, Kylian Mbappé vio a N’Golo Kanté a su izquierda. En este momento de un ataque sobre el arco peruano, un simple pase a su compañero francés era suficiente.
Pero eso no es divertido.
Así que el joven de 19 años habilitó a Kanté impactando la pelota con el talón derecho tras dar un salto.
Totalmente innecesario, pero una delicia para la vista.
Al igual que el Pelé de 17 años en el Mundial de 1958, el atrevido y creativo delantero de Francia es una de las gemas más preciosas del fútbol: Un jugador que debuta en el más grande de los escenarios en momentos en los que vive todavía un niño dentro de él y se muestra en todo su esplendor ante el mundo.
Esto no quiere decir que Mbappé no encaje en este Mundial, donde los 736 futbolistas participantes representan el grupo de mayor edad en la historia del torneo (con un promedio de casi 28 años).
Todo lo contrario. La mezcla de inocencia infantil con la velocidad y potencia de un hombre adulto convierten a Mbappé en un jugador hipnótico.
Al igual que Pelé, quien debutó con el Santos en 1956 y llegó a la selección brasileña por primera vez en 1957, a los 16 años, antes de marcar seis goles en el Mundial de 1958.
Mbappé alcanzó el éxito profesional incluso antes de que terminara de crecer. El segundo jugador más caro del mundo solo detrás de Neymar (180 millones de euros en comparación a los 216 millones de brasileño), campeón de la liga francesa con dos equipos distintos (Mónaco y Paris Saint-Germain) y el goleador más joven de Francia en una Copa del Mundo, no cumple los 20 años todavía, y sin embargo ostenta más logros de lo que muchos futbolistas alcanzarán en todas sus carreras.
Pero lo mejor de todo es que, en el Mundial de Rusia, ha hecho que el fútbol sea divertido.
Con sus rápidos pases, sus increíbles recortes y una sonrisa de oreja a oreja cuando sus trucos funcionan, o incluso cuando no, uno puede imaginarse el lugar en el que Mbappé estaba apenas hace siete años: Un niño jugando en las canchas de Bondy, un suburbio parisiense que era todo su mundo hasta que el mundo se le rindió. En 2011 fue reclutado por la academia Clairefontaine, dos años después llegó al Mónaco y en 2017 al PSG.
Hasta el momento en Rusia, Mbappé ha mostrado al niño y al hombre. Escoltó a Olivier Giroud en su camino al área peruana a los 34 minutos, para empujar el balón al fondo de las redes después de que el disparo de su compañero fue bloqueado, en lo que fue una muestra que los instintos futbolísticos de Mbappé están madurando.
Es determinado, pero no egoísta, e implementó las instrucciones del técnico Didier Deschamps al desempeñar un papel protagónico dentro de la ofensiva de Francia que venció 2-1 a Australia en su primer partido del Mundial. Posteriormente, patrulló el extremo derecho, llegó a la línea de fondo pero también cumplió labores defensivas, en la victoria de 1-0 sobre Perú.
Pero las voces infantiles dentro de la cabeza de Mbappé le piden que agite las cosas, y Deschamps le pide que las escuche. Eso significa que rivales y aficionados nunca pueden estar seguros de lo que hará a continuación. Su impredecible creatividad cobrará más importancia conforme Francia avance en el torneo, ante rivales más difíciles de descifrar, comenzando con Argentina en los octavos de final.
El número en la camiseta que Mbappé eligió para el Mundial revela su frescura al igual que sus enormes ambiciones. Cuando debutó con el seleccionado en marzo de 2017, cuando disparó a gol el primer balón que tocó tras ingresar de cambio en la victoria de 3-1 sobre Luxemburgo en las eliminatorias, Mbappé portó el número 12.
Ese solía ser el número de Thierry Henry, máximo goleador de la selección francesa con 51 dianas y con quien se suele comparar a Mbappé. Henry también floreció a corta edad con el Mónaco y fue el anotador más joven en la historia del club hasta que llegó Mbappé, quien debutó en liga a los 16 años y marcó su primer tanto dos meses después de cumplir los 17 años en un duelo ante el Troyes.
Para este Mundial, Mbappé optó por el número 10, una camiseta que carga un enorme peso en la historia de Francia. Zinedine Zidane llevaba el 10 cuando ganó la Copa del Mundo de 1998 y Michel Platini cuando Les Bleus alcanzaron las semifinales en 1982 y 1986.
“Lo quería. Nadie lo tenía”, dijo.
Y la decisión es alentadora para Francia. Demuestra que Mbappé no teme a las expectativas y sueña en grande, pero también muestra que sigue en contacto con ese niño que se inspira en sus ídolos y que creció en un barrio de clase trabajadora a las afueras de París, el cual quedó marcado por semanas de revueltas en 2005.
“Por supuesto que piensas en eso. Te dices ‘Voila, es un número histórico’´”, comentó Mbappé sobre el 10, después de derrotar a Australia. “Lo veo con ojos de un niño, al que siempre le gustó este número”.
Con su anotación del triunfo ante Perú que le dio a su equipo un lugar en los octavos de final, Mbappé se convirtió en el primer jugador francés nacido después de que Francia ganara el Mundial de 1998 y que ha marcado en un Mundial. Un cambio simbólico en la estafeta generacional.
En el Stade de France, donde se obtuvo el título hace 20 años, un patrocinador de la selección francesa desplegó una enorme valla publicitaria para este Mundial con la leyenda: 98 fue un gran año para el fútbol francés: Nació Kylian
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