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Barcelona-Chelsea: Sobre el papel no hay color…

La victoria de Alemania contra Hungría en la final del Mundial de 1954 es recordada como el milagro de Berna por la ciudad suiza donde se disputó.

Hungría tenía de lejos el mejor y más admirado equipo del mundo pero, por una combinación de garra y suerte y de quién sabe qué intervención divina, los alemanes conquistaron la copa.

La eliminación del Barcelona por el Chelsea en la semifinal de la Liga de Campeones del 2012 debería ser recordada en Inglaterra, por idénticos motivos, como el milagro del Camp Nou.

¿SE REPETIRÁ LA HISTORIA HOY?

Está claro que sobre el papel el Barcelona es, una vez más, muy superior. El Chelsea ha perdido 8 partidos en la Premier League; el Barça no ha perdido ninguno en la Liga española.

El único jugador del Chelsea que entraría en el once inicial del Barcelona sería el belga Eden Hazard.

Más importante aún, el estado de ánimo del Barça hoy refleja el temperamento de su sereno entrenador, Ernesto Valverde; el del Chelsea, el de su técnico Antonio Conte, un hombre que tras la euforia de ganar la liga inglesa la temporada pasada parece haber caído desde el verano en una infantil depresión.

El italiano está peleado con Roman Abramovich y los demás rusos que mandan en Stamford Bridge porque no le han regalado más jugadores de calidad. Bien, pero fue Conte el que se peleó públicamente con su mejor jugador en el equipo campeón del año pasado, Diego Costa, abriendo las puertas a su salida al Atlético de Madrid.

Los últimos dos resultados del Chelsea en su liga tampoco invitan al optimismo. La derrota por 1-0 contra el Manchester City no refleja en absoluto la cobarde humildad que demostraron ante el equipo de Pep Guardiola. La victoria por 2-1 del sábado en casa contra el Crystal Palace, que lucha contra el descenso, esconde la desesperación con la que su afición pidió el pitido final.

La verdad es que este Chelsea es un flan comparado con aquel que tanta fortuna tuvo contra el Barcelona en el 2012. Jugadores como Cech, Terry, Lampard y Drogba le proporcionaron a aquel Chelsea una columna vertebral ausente en el Chelsea de hoy, un equipo que carece de líderes. En el Barça, en cambio, sobran: vean a Piqué, Iniesta, Busquets, Rakitic, Suárez, Alba y Messi.

O sea, sobre el papel el Barcelona debería ganar hoy, pero como dijo una vez el entrenador norteamericano Bob Bradley, el fútbol no se juega sobre el papel, se juega sobre la hierba. Y sobre la hierba de Stamford Bridge hace tres semanas un Chelsea un poco más afortunado podría haber logrado un mejor resultado que aquel empate 1-1.

La grandeza del fútbol y las emociones que genera mucho tienen que ver con el papel del azar, más cruel que en cualquier otro deporte. Pero si uno no ­tuviera más remedio que ju­garse todo lo que uno posee en el mundo al resultado de esta ­noche solo un loco apostaría a que la loca historia del 2012 se repitiese y el Barcelona volviese a caer.

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